Edición para Internet N° 23 2005 de Filosofía. Reseñas de Libros. Instituto de
Filosofía Práctica. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad de
Mendoza. Mendoza (Argentina). Sitio de la Universidad en Internet: www.um.edu.ar
Erhard
Weigel, Universi Corporis Pansophici
Caput Summum, edit. e introd. por Thomas Behme. De la
Serie: “Clavis Pansophiae”. Una Biblioteca de todas las Ciencias del
Renacimiento y el Barroco, edit. por Charles Lohr y Wilhelm Schmidt-Biggemann. T. 3, 1. Verlag Frommann-Holzboog. Stuttgart-Bad Cannstatt, 2003, 328 p.
Ibid., Arithmetische Beschreibung der
Moral-Weissheit von Personen und Sachen (Descripción aritmética de la Sabiduría
Moral de Personas y Cosas). T.3, 2, 2004, 212 p.
Es un gran mérito del Verlag Frommann-Holzboog haber emprendido la 1ra.
edición moderna de estas dos obras de E.W.,
sobre la base de la única existente, que apareció en Jena en 1673-74. El
Caput Summum está escrito en latín y la Arithmetische Beschreibung
en alemán y el texto actual reproduce el de aquella época con sus
particularidades idiomáticas, lo que naturalmente puede significar un
impedimento para un lector actual que no domina tanto una lengua como otra.
Pero esto se compensa ampliamente con el repertorio de notas aclaratorias que
acompañan ambos volúmenes, debidas a Thomas Behme, a quien se agradece la gran
cantidad de referencias históricas, filológicas y filosóficas sobre las
distintas partes del texto de W., que no sólo lo enlazan con el pensamiento
griego y del siglo XVII, sino también lo hacen muy utilizable para la
actualidad.
Refiere B. que E.W – que nació en 1625 y murió en 1699, “patriarca barroco
de la Ilustración alemana
temprana; matemático, astrónomo y filósofo; maestro de Leibniz y Pufendorf” –
ha despertado últimamente el interés de los investigadores, como lo demuestran
dos coloquios, celebrados en Jena: uno, en 1999, al cumplirse los 300 años de
su muerte y donde, aparte de los
aspectos biográficos, se destacaron sus aportaciones astronómicas y el otro, en
dic./2000, dedicado a la filosofía, teoría de la ciencia y lógica de W. Este interés reclamaba contar con una edición moderna de sus obras. Se
señala que la única excepción a la carencia de ediciones modernas de W. lo
representa una colección parcial de pequeños
escritos pedagógicos de W. (un facsimil sin comentarios) a cargo de
Hermann Schüling, Giessen, 1970. Apunta B. que es importante la influencia de
W. en el desarrollo del pensamiento filosófico de los siglos 17 y 18. Se lo
considera inspirador espiritual de una
enseñanza escolar basada en “cosas reales” y propulsor de la idea de
“academia”. Su obra comprende más de cien escritos, de diferente extensión, sobre las materias más diversas, como matemáticas,
filosofía (metafísica), lógica, astronomía, física, pedagogía, jurisprudencia,
arquitectura, historia, geografía, ética, mecánica y técnica.
La primer obra que reseñamos – el Universi Corporis […] - es sólo una parte de un escrito más amplio,
que parece responde a fines didácticos y refleja los contenidos de una de las
Lecciones preferidas de W. en la Universidad de Jena - el Collegium Pansophicum – (Cfr. Max Wundt, La
Filosofía en la Universidad de Jena, expuesta en su desarrollo histórico. Jena,
1932). Los títulos de las partes que componen el Universi Corporis […]
contienen la partícula pan, o sea, se trata de conocimientos con
pretensión de “universalidad” y esto es lo que hace que entre ellos haya
“unidad” y “totalidad”, es decir, que
sean sabiduría o sofía (pansophia) y no mera colección de ciencias. La Pansophia
exhibía 4 partes: el Prodromus o Pantognosia, que trata de las tres
operationes mentis: apprehensio – compositio et divisio – syllogismus,
de ascendencia aristotélica y extendida por el aristotelismo dominante en la
época, por ej., a través del escrito de Zabarella, De natura Logicae
(1597); la segunda parte es la
Metafísica o Pantologia, que versa sobre las especies más generales,
clases y predicados del ente, según el conocimiento de la palabra o
denominativo. El objeto de la Pantologia
es “omne, de quo cogitare possumus”; por lo tanto, incluye los objetos
imposibles (que no pueden existir en la realidad) y ficticios. De la Pantologia
sólo terminó W. la Secc.I (De variis rerum quarumcunque generibus et
speciebus), estando programada una
Secc.II (De communissimis objectorum praedicatis et denominationibus). La
tercera parte ofrece un valor especial porque, como se verá enseguida, es quizás la concepción filosófica central
de W.: la visión matemática del universo. Esta parte se llama Pantometria o Mathesis generalis
y versa sobre las determinaciones más generales de lo cuantitativo, como
unidad y pluralidad, parte y todo, limitado e ilimitado, dividido e
indiviso, mayor y menor, igualdad y
desigualdad, medida y medido, etc. Por
analogía con la Metafísica, le llamó W. a esta parte Metageometria. En
tanto base común de Metafísica y Pantometria, está la cuarta parte: la Logica
Pansophica, que trata del concepto, el juicio y el silogismo del Organon
aristotélico y, en analogía con ellos,
de los procedimientos matemáticos más fundamentales. Pertenecía también
al Corpus Pansophicum dos tratados, de los cuales el segundo – la philosophia
rerum humanorum – es la segunda obra que reseñamos; el primero es la philosophia
mobilium o de las cosas sometidas al movimiento – la Physica Pansophica
– que apareció en Jena también en 1673.
Muchos son los autores y doctrinas que están detrás del pensamiento de W.,
sobre todo de la Antigüedad: Pitágoras, Platón, Aristóteles. Si bien, como lo
acabamos de ver, con la doctrina de las tres operaciones de la mente, W. es tributario de Aristóteles, la esencia de su concepción es decididamente
platónica. Refiere B. que el título Pansophicum
conecta el Corpus de W. con el proyecto de una ciencia universal – un
objetivo perseguido por muchos autores; más aún: una meta de la filosofía
de todos los tiempos y que constituye a la filosofía como tal, al menos, en su
idea clásica, según la que la sophia es participación humana de la sapientia
divina. Sobre fundamentos neoplatónicos, el mismo proyecto de W. se
encuentra en el checo Johann Amos Comenius, que habla de una identificación
mística con la Razón originaria divina. W. formula lo mismo, pero de un modo más
reservado (Cfr. de Comenius, Prodromus Pansophiae. Norma Pansophiae, aforismo XI: “Eadem proinde sunt
rerum rationes, nec differunt nisi exsistendi forma: quia in Deo sunt in archetypo, in natura ut in ectypo, in arte ut
in antitypo”. Pero el rasgo que
muestra más claramente que W. es un
pensador “moderno” es la centralidad que en el Corpus Pansophicum
tienen los artefacta y entia
impositiva, o sea, esas cosas que
existen sólo por imposición o posición (Setzung) de la mente humana, entre los
que se destacan, en primer lugar, los entia notionalia, por causa de su
significación en la constitución de la ciencia. “En tanto productos del
intelecto humano, estos entes representan
el único campo del ser, en el que un conocimiento de la esencia real es
posible inmediatamente a partir de las razones (Gründen) que los producen. En
relación con la naturaleza de las
cosas, estos entes tienen un carácter ‘modélico’, o sea, son fundamento de ‘orden” de la materia del
saber, como W. lo pone de relieve especialmente cuando trata las relaciones
entre conceptos, que forman el objeto del conocimiento denominativo” (XII,
Introd.). Sin embargo, esta “ontología de la imposición”, en la cual las “razones” de las cosas
funcionan como “modelos” (arquetipos) de ellas, supone una Theologia Naturalis, ciencia que W. elaboró
tardíamente (1693): lo puesto por la mente humana supone lo puesto (imputatum)
por la mente divina, de la que la mente humana es una participación. El
entendimiento humano no es pues para W., en rigor, “creador”, como sí lo es la
mente de Dios. La concepción del espíritu en W. es que el e. es copia y reflejo
de la Divinidad; por lo tanto, las Setzungen humanas – como lo producido “desde
nosotros mismos” - son “impresiones” de la sabiduría divina”.
Lo anterior es importante para entender el papel central que juega,
dijimos, el conocimiento cuantitativo o
aestimativo en la sistemática de W. Este conocimiento culmina en una
hipostación de los objetos matemáticos producidos por imposición, que son una
“geometrica divinarum cogitationum imitamina” (Cfr. Philosophia Mathematica,
Theologia Naturalis Solida, Jena, 1693). Sólo sobre esta base se comprende
la pretensión de universalidad que eleva en W. la visión matemática del
universo – tanto natural como humano – o mathesis universalis, la que trasciende pues la tradicional división
de las ciencias. Refiere B. que el
acceso a la realidad ocurre en W. , antes que en ningún otro, mediante el conocimiento cuantitativo. Hay
una vieja idea, de origen platónico-agustinano, en la que se afirma que Dios hizo el mundo “según medida, número y
peso”. Para esta concepción, el
conocimiento “cualitativo” no agrega nada nuevo al cuantitativo, pues la
llamada cualidad no es más que un grado
de más o menos de la cantidad.
Es importante, sobre todo por el uso
del análisis cuantitativo en el mundo moral hecho por W,, que éste no redujo la quantitas a
mera extensio. Es posible que haya en W. una crítica a Descartes, pero
él le reprocha a Aristóteles o, en todo caso, a escolásticos aristotélicos,
esta reducción.
Con esto pasamos a un comentario de la segunda obra: Descripción aritmética de la Sabiduría
moral de Personas y Cosas. Desde perspectiva aristotélica choca en ese
título la puesta, una al lado de otra,
de dos categorías que pertenecen a géneros de entes diferentes:
matemático y moral. La cosa cambia a favor de W. si se tiene en cuenta la
no-reducción, en W., de cantidad y extensión y , además, una cosa más de
fondo: la visión universal o
universalista, característica de W.,
hace que la visión del todo prevalezca sobre las partes, lo universal o
general, sobre lo particular o regional. Luego, a él le parece natural aplicar
categorías cuantitativas en el estudio de las personas y las cosas que le
conciernen. Un repaso rápido de los 21 capítulos que integran este escrito,
permite ver que W. toca puntos clásicos de la moral, el derecho y la política,
pero aquí no se trata de discutir concepciones contrapuestas, dar explicaciones
o argumentar a favor o en contra de esto o de aquello, sino – como lo indica el
título del escrito – describir personas, cosas, situaciones, estados de
cosas, etc. y esa descripción es en base a categorías aritméticas, como uno y
mucho, igual, desigual, etc. Se tiene la impresión de que estos análisis no
representan ninguna “sabiduría”, sino la repetición de cosas de sentido común,
sobre las que no merece discutir. Por ej., el cap. 1ro,, titulado: De la
vida humana en general, trae este pasaje: “Los hombres pues deben también/
cuando se los trata en cuanto tienen inteligencia/ y cada uno debe hacer uso de
su entendimiento/esto es, (ser) un
verdadero hombre racional/que no quiere ser un mero animal/ luego debe convivir
junto con otros/y es imposible (unmüglich) que uno sólo viva según su entendimiento y delante de si
mismo/ o que pueda ser considerado como creatura inteligente/ si no se
relaciona con otros, con un segundo, un tercero, un cuarto/ sin querer dejarse
medir por el metro que maneja el maestro eterno de los cálculos […].” Esta
sabiduría eminentemente práctica o pragmática anticipa muchos textos que en
contramos hoy en pensadores como Wittgenstein, por ej. lo que acabamos de ver,
que no hay un ejercicio “privado” del entendimiento o del lenguaje, como si
entenderse fuese algo que uno practica con uno mismo y no necesariamente con
los demás, esto es, que el entendimiento es naturalmente social y, por lo
tanto, lo es también la ciencia, etc.
Más allá de otras consideraciones,
queremos destacar que la visión matemática del mundo moral no lleva a
Weigl – con la visión actual de lo matemático se podría pensar todo lo
contrario - a un “aplanamiento” de la
sociedad, donde lo único que importa es el “número” (aumento de la población,
libertad de oportunidad para un mayor número u otros criterios utilitaristas).
La visión que tiene de su mundo W. – siglo XVII – es eminentemente
“cualitativa”. Nos ha llamado la atención el uso de “affter”, con doble efe
(“after” es, en alemán, ano). W. no tiene empacho en hablar de
“Affter-Menschen” o “Affter-Welt”. Sin temor a ser acusado de “discriminación”,
dice W. – con toda naturalidad – que hay “Affter-Menschen”: son los moralmente
deficientes, hombres secundarios, que no contribuyen para el adelanto de la
sociedad, egoístas y aprovechados.
Prof.Dr. N.A. Espinosa Mendoza,
noviembre de 2005
e.mail: naespinosa@dynastar.com.ar