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Michael Grossheim, Ökologie oder Technokratie? Der Konservatismus in der Moderne (żEcología o Tecnocracia? El conservadorismo en la modernidad). De la Serie: "Es-critos Filosóficos", Vol.14. Verlag Duncker & Humblot, Berlin, 1995, 159 p.

En pocas páginas ha sabido el A. presentar un estudio que, por el tema que aborda, los autores que reune, el período histórico al que el tema ha quedado acotado, las fuentes sobre las que trabaja y otros detalles externos: pulcritud en la expresión, capacidad discursiva, etc., puede satisfacer con holgura el interés de lectores por estas dos cosas llamadas "ecología" y "tecnocracia" que, sin duda, aparecen en la cabecera del pensamiento contemporáneo, signado por la ciencia y la tecnología. Pero no se trata en este libro de un discrimen, meramente académico, de "ecología" y "tecnocracia", sino de la respuesta del pensamiento "conservador" alemán "moderno" (concretamente, se refiere a autores y obras que descollaron en el período que va desde 1919, o sea, el final de la Primera Guerra Mundial, hasta 1933, o sea, la toma del poder por el nazismo). Lo que ha venido a demostrar el A. es que en el conservadorismo alemán del siglo veinte tanto hay partidarios de la "tecnocracia" como de la "ecología"; por eso, dice en las páginas finales, la "o" del título, cuando se hace la pregunta: żecología "o" tecnocracia?, debe reemplazarse, al fin, por una "y", porque ambas opciones tienen prominentes partidarios en la modernidad.

El trabajo se articula, después de una Introducción, donde se aclara el de qué se trata, en tres partes: en la primera, con dos capítulos, se distinguen conceptualmente los dos títulos -"tecnocracia" y "ecología" y se hace una caracterización del pensamiento "conservador" o, mejor, de la mentalidad "conservadora", como una cierta categoría histórico-cultural. Es en la segunda parte, titulada "Hombre y Técnica", donde aparecen los personajes principales que protagonizan el estudio de G.: hay, en primer lugar, tres figuras centrales, a las que el A. les dedica, respectivamente, varias páginas, que son: Ludwig Klages, que asumió una posición en contra de la ciencia y la técnica; Ernst Jünger, que, a diferencia del anterior, fue gran defensor de la técnica, viendo en ella un eximio instrumento de "poder", al que Alemania no debía renunciar si es que quería alcanzar un destino de grandeza, dejando atrás planteos de un pasado que había que superar definitivamente; y M. Heidegger que, en muchas cosas se une a Klages en su crítica a la técnica y a una concepción de la ciencia, pensada como una mera técnica de apoderamiento de la naturaleza por parte del hombre. La crítica heideggeriana de la técnica surgió a partir, justamente, de la lectura de las obras de Jünger, que impactaron fuertemente sobre Heidegger. Esta parte se completa con un corto, pero meduloso, excurso sobre autores de la Escuela de Frankfurt o que estuvieron muy cerca de ella: Bloch, Lukács, Hork-heimer, Adorno, Benjamin y Marcuse. Si bien no lo dice el A. - que en sus análisis evita etiquetar los pensadores que estudia - así como Klages, Jünger y Heidegger pertenecen al pensamiento conservador, de derecha, los frankfurtianos pueden ser considerados de izquierda: las referencias que ha hecho G. de estos autores muestran que en ellos hay una "crítica" de la técnica, pero que se diferencia de la de Klages o de Heidegger, en la medida en que alientan la esperanza de que los problemas actuales podrán ser solucionados con un cambio futuro de las relaciones sociales. Esta perspectiva hace que estos autores avancen a planteos "ecológicos", que son los que se van a imponer en la modernidad tardía y en la llamada posmodernidad.

Se puede decir que la figura a la que G. presta mayor atención es Ludwig Klages, a quien se le debe una obra que influyó mucho en el primer tercio de nuestro siglo: "Der Geist als Widersacher der Seele" (El espíritu como enemigo del alma). Esta obra es analizada en el libro de G., viendo sus implicancias antropológicas y filosófico-políticas. El A. ya contaba con otros estudios sobre Klages ("L.K. und die Phänomenologie, Berlin, 1994), así como de tendencias y autores del período mencionado: "Historicidad contra gestalt. Un capítulo de la génesis de la filosofía de la existencia", 1995; "El principio 'esperanza' y el principio 60 'presente'", 1993; "La filosofía en el cambio de los temples fundamentales. El camino de pensamiento de Heidegger de 1927 a 1933", 1993 ; "De George Simmel a M. Heidegger. La filosofía entre la vida y la existencia", 1991; "El trato con situaciones. Una idea central actual del romanticismo político", 1995. Para la comprensión de las ideas de Klages son muy valiosas las consideraciones de G. en las que pone en contraste a Klages con E.Jünger, entre cuyas numerosas obras que ensalzan a la técnica, a la guerra y, en general, a la voluntad de poderío, figuran "El trabajador" ((2),1932) y "Movilización total", (1930). La oposición entre espíritu y alma o entre conciencia y embriaguez defendida por Klages no es aceptada por Jünger. Si Klages considera que el aumento de la conciencia, o sea, de la vida racional en el hombre ocurre en detrimento del plano vivencial, pático, para Jünger, al contrario, el dominio racional de la vida, el imperio de la mentalidad técnica abre nuevas posibilidades al hombre. Jünger avanzó tanto en esta línea de ensalzamiento de la técnica, que llega a hablar de una "estética de la máquina".

En la tercera parte del trabajo se dedica G. a mostrar las implicancias filosófico-políticas de las dos alas del conservadorismo moderno - la ecológica y la tecnocrática. Aquí se mencionan autores de segunda y tercera línea, que siguieron el pensamiento ya de Klages, ya de Jünger, y que son desconocidos por nosotros, pero que en su época animaron un debate en torno a cuestiones que fueron ciertamente cruciales para la autocomprensión de Alemania después del desastre de la Primera Guerra Mundial. Es muy interesante destacar que muchos de los planteos "ecológicos" que hoy son de dominio público ya se hacían en las primeras décadas de nuestro siglo. Por otro lado, ha cambiado la apreciación general acerca del sentido y valor de la ciencia y la tecnología, que en la actualidad son vistas como algo familiar y no como potencias maléficas o benéficas, según los casos, de las que se espera la salvación o la pérdida total del hombre. Además de un corto cap. donde G. trata de la relación entre Klages y el Tercer Reich, se analizan en la tercera parte tres pares de conceptos polares: "amor a la patria/dominio imperial", "pueblo/Estado" y "Vaterland/Mutterland", o sea, la patria, como tierra del padre y patria, como tierra de la madre. Aquí hay categorías que han desempeñado un papel de fundamentación o, al menos, de orientación de posiciones políticas, sociológicas y de filosofía del estado y la cultura, pero también que han determinado el juicio de las generaciones desde el inicio del siglo y siguen presentes en la conciencia general actual. Para el A. este análisis es importante porque muestra las dos tendencias de una misma mentalidad conservadora: en Klages hay una afirmación de lo femenino, de la madre, del pueblo, de la pequeña patria y en contra de lo masculino, lo paterno, representado por el Estado y el Imperio. Lo contrario se da en Jünger.

Quisiéramos referirnos un tanto en particular a la caracterización del "conservadorismo" que hace G. en la primera parte. Esto es importante, tanto para entender el ala "tecnocrática" como la "ecológica". Dice el A. en la Introducción que el movimiento ecológico de nuestros días exhibe una peculiar falta de conciencia histórica, o sea, no sabe de dónde viene, si bien se advierte que es una nueva expresión de una muy vieja mentalidad - la romántica - que en Alemania nunca ha perdido vigor. Los primeros proyectos ecológicos, dice G., vienen de la filosofía. G. cita una obra de Armin Mohler, que se considera standard sobre el tema que nos ocupa: "La revolución conservadora en Alemania 1918-1932", Darmstadt, ((3)1989), donde aparecen reunidos los dos hermanos Jünger, Ernst y Friedrich Georg ("La perfección de la técnica"), Klages, Enst Niekisch y Heidegger, como representantes principales de ese pensamiento (de discutido carácter revolucionario). Considera G. que pertenecen a la mentalidad conservadora los siguientes rasgos: sentido para lo concreto; rechazo de lo abstracto; orientación hacia lo particular, que se trata de cuidar y acrecentar; interés por el orden, la continuidad, la tradición; búsqueda de seguridad; preeminencia de lo real por sobre lo posible, de la "Gewor-fenheit" (estado de yecto) sobre el "Entwurf" (pro-yecto), dudas frente al optimismo de la "hacibilidad" o el "poder hacer"; sensibilidad frente a la fatalidad del acontecer; rechazo de la idea de progreso; idea del hombre escéptica o pesimista; conciencia de la necesidad de 61 las instituciones; necesidad de aposentamiento, de contextualización de la existencia personal; amplio desinterés por ideales de autonomía; convicción acerca de una originaria socialidad de los hombres; rechazo del individualismo radical; de la exagerada regulación de las situaciones comunitarias; respeto por el pasado; rechazo de la nivelación de las diferencias entre los hombres; interés por una sociedad orgánica; sentido para la pluralidad. La vivencia de la temporalidad es también un aspecto que es preciso tener en cuenta en el perfilamiento de la mentalidad conservadora: hay un modo de vivenciar el tiempo que colorea la personalidad del conservador y que explica su inclinación a la sentimentalidad, la nostalgia, la dependencia del pasado, la honra de los ancestros. En el fondo de su ser - y más allá de todo contexto político - sufre el conservador, de modo muy especial, el elemental espanto del incesante transcurrir del tiempo, la experiencia de que algo ya no existe, fue. En contraste, se puede decir que el futuro no está en el centro de la experiencia del tiempo del conservador. De ahí la forma como, en general, se enjuician los "proyectos". El tiempo es la condición para la realización del bien. La razón depende también del tiempo, porque la verdad, conocida por ella, debe ganar en fuerza de convicción para ser adquirida por la razón. Otra cosa que debe ponerse en relieve del carácter conservador es la urgencia por mantener la continuidad. Hay un conven-cimiento de "no poder comenzar de nuevo". Otro elemento es la renuncia a toda forma de reden-ción terrena y, así, el rechazo de las utopías. Por último, se menciona la posición de los conservadores frente al programa de la Ilustración: no se cree en el ideal de un mejoramiento progresivo del hombre. Señala G. que, en este sentido, los conservadores encontraron en las ideas de Nietzsche un punto de apoyo: en N. hay una duda acerca de la posibilidad de un cambio radical del hombre, logrado por su progresivo disciplinamiento.

Por cierto, los mencionados rasgos se dan, aun cuando en variada proporción, en los autores conservadores; más en el tipo Klages que en el tipo Jünger. Pero, si Jünger pertenece al pensamiento conservador, esto significa que los rasgos aparentemente contrarios que se dan en él por relación a Klages, no son más que una "reacción" frente a algo que se sabía se tenía y que debía ser negado, superado. En haber penetrado a este nivel interpretativo del pensa-miento conservador, creemos está uno de los méritos de este trabajo de G. (En el excurso sobre los frankfurtianos muestra el A. cómo en ellos no se ve esta mentalidad polar, reactiva; se trabaja desde una perspectiva "dialéctica", que permite conciliar contrarios y, así, adquirir una visión más comprensiva de la vida humana, de la sociedad, de la historia).

En un párrafo final del libro, el A. - haciéndose cargo de lo afirmado por Martin Greiffenhagen en un estudio de 1986, titulado "El dilema del conservadorismo en Alemania", Frankfurt/M., de que ese dilema consiste en la dificultad de encontrar un punto de descanso entre dos extremos: "racionalismo" e "irracionalismo" (para ese autor, el pensamiento conservador es un pensamiento ilustrado, esto es, "racionalista", que se rebela contra la Ilustración, o sea, defiende una "racionalidad irracional") - dice G. que ese dilema hay que buscarlo a otro nivel: es la incapacidad del c. de determinar para sí una posición consistente e inequívoca frente a la técnica. "Este dilema es un reflejo particular de esa ruptura interna que es característica de la modernidad en general" (141).

En los índices del final encuentra el lector un repertorio muy completo de fuentes y otra literatura secundaria, sobre el que se podrá seguir investigando en un campo tan prometedor en el plan de entender muchos fenómenos de la historia reciente. El A. apenas lo insinúa, pero poniendo a Klages y Jünger como modelos de interpretación, se podría preguntar a cuál la historia parece darle la razón, después del derrumbe de la idea del imperio comunista, de la emergencia de las regiones, las pequeñas patrias, la afirmación de los dialectos, etc.*

N.A.E.